NeuroHabilitación: un enfoque de intervención dirigido a niños con alteraciones del desarrollo y del aprendizaje

cerebro_crece¿Cómo surge el concepto de neurorrehabilitación?

Durante la II Guerra Mundial, muchas víctimas que habían sufrido lesiones cerebrales o medulares lograron sobrevivir gracias a los antibióticos. En esta época, los antibióticos también posibilitaron la supervivencia de personas tras un accidente cerebro-vascular (ACV). Estas circunstancias dejaron un gran número de personas viviendo con una importante discapacidad.

Fue entonces cuando se comenzó a utilizar el término rehabilitación o neurorrehabilitación para referirse al proceso de intervención dirigido a personas que habían perdido una función o habilidad, de forma que se les volviera a habilitar. Inicialmente, la atención se dirigió a rehabilitar las alteraciones de tipo motor.

En la actualidad, la neurorrehabilitación es globalmente entendida como la intervención integral dirigida a personas que han sufrido un daño neurológico que causa discapacidad, tales como lesión medular, daño cerebral (ACV, hipoxia, traumatismo, tumor, encefalopatía), enfermedades neurodegenerativas, etc., con el objetivo de restablecer lo máximo posible las funciones alteradas y recuperar la autonomía en el día a día.

¿Y si abordamos el neurodesarrollo?

Actualmente nos encontramos con que gracias a un gran avance en las condiciones médico-asistenciales, sobreviven niños que antes fallecían por lesiones en el sistema nervioso, alteraciones cromosómicas o endocrinológicas, niños muy prematuros o con bajo peso al nacer, por lo que paralelamente han incrementado las discapacidades en la infancia.

El concepto de neurorrehabilitación, que como vemos surgió de las intervenciones dirigidas a adultos con daño neurológico, se ha extendido a la intervención de estas alteraciones en el neurodesarrollo. Pero mientras que el cerebro de un adulto se considera maduro e integrado, en cierto modo más estático, el cerebro del niño es dinámico, se encuentra en desarrollo y las funciones no están totalmente instauradas, sino que van estableciéndose gradualmente.

En bebes y niños el término más apropiado sería el de neurohabilitación, entendido como las intervenciones dirigidas a promover el adecuado desarrollo del sistema nervioso en el niño, considerando que el niño aún no ha adquirido completamente las habilidades y funciones cognitivas propias del adulto, y por tanto se le debe habilitar.

Este concepto implica:

  • Prevenir la aparición de secuelas en neonatos y niños de riesgo neurológico
  • Fortalecer la maduración apropiada, evitando la instauración de patrones anormales de desarrollo
  • Habilitar de manera funcional para capacidades aún no desarrolladas, pero potencialmente afectadas por alteración en el proceso de desarrollo
  • Evitar los déficit cognitivos que podrían evidenciarse de forma tardía (periodos preescolar, escolar, adolescencia…) debido a la secuencialidad del desarrollo cerebral
  • Apoyarse en el aumento de los procesos de plasticidad durante la infancia, apostando por la detección precoz y la atención temprana
  • Realizar un abordaje integral de las dificultades, por medio de un equipo de profesionales transdisciplinar y altamente coordinado

Éste debería ser el enfoque en niños con cualquier alteración o posible alteración en el neurodesarrollo, de mayor o menor gravedad: retraso del desarrollo, prematuridad, bajo peso al nacer, sufrimiento fetal, trastorno del espectro autista, epilepsia, TDAH, trastorno del lenguaje, dificultades de aprendizaje, traumatismo craneoencefálico, encefalopatía infecciosa, cromosomopatía, parálisis cerebral, etc.

Para niños con dificultades de aprendizaje, típicamente conocidas como dislexia, disgrafía, discalculia…, la neuropsicología aporta el conocimiento sobre los procesos cognitivos que se encuentran a la base de los aprendizajes y permite conocer cuáles están alterados en el menor. La neurohabilitación está orientada hacia el desarrollo de estos procesos, y en consecuencia la mejora del aprendizaje del niño. Este tipo de intervenciones vienen a sustituir el abordaje tradicional que consistía en la simple pero improductiva tarea de hacer que el niño realizara repetitivamente actividades sobre aquello que es incapaz de aprender (p. ej., en niños con dificultades de lectura la intervención no debe ser poner al niño a leer una y otra vez “hasta que aprenda”).

Hacia un abordaje funcional e integral

También se hace fundamental el enfoque en la funcionalidad de la terapia. ¿Qué sentido tiene establecer como objetivo de intervención la escritura de la grafía del número 2 en un niño que tiene importantes problemas para comprender el lenguaje y adquirir vocabulario? O ¿qué importa el tono de voz de un niño con autismo que no es capaz ni de establecer contacto ocular? Dejemos de aferrarnos a las guías sobre “hitos del desarrollo”, donde se indica qué conceptos y habilidades debe tener un niño de una determinada edad. Esto es útil para padres y educadores, pero no para terapeutas que trabajamos con niños cuyo desarrollo no sigue una pauta normotípica, que por tanto no va a adquirir todas las habilidades de su edad paralelamente, y que incluso algunas nunca las adquirirá o las alcanzará mediante otras estrategias.

Estas situaciones, por sorprendente que nos parezca a algunos, ocurren a diario en algunos centros, gabinetes, colegios o clínicas. ¿Por qué ocurre esto? Pues probablemente por una falta de formación de base sobre el neurodesarrollo. El profesional que evalúa e interviene solamente desde el prisma de su área de conocimiento, se pierde todo un mundo de conocimientos y comprensión del desarrollo integral del niño, y este marco transdisciplinar es el que verdaderamente se muestra útil a la hora de evaluar, diagnosticar e intervenir en las dificultades del neurodesarrollo del niño.

No se puede intentar parcializar algo que funciona como un todo, pretendiendo que la suma de diferentes profesionales, o multidisciplinariedad, equivale a una intervención global o integral. Logopedas, fisioterapeutas y educadores que se especialicen en el trabajo con menores deben tener esto en consideración.

Lo mismo diré de los psicólogos infantiles que trabajan desde marcos como el conductista, el cognitivo-conductual, la psicodinámica, o, incluso, de las terapias de tercera generación. Algunos son muy válidos para el tratamiento de trastornos conductuales o emocionales, pero ¿son capaces de detectar adecuadamente alteraciones que son simplemente el síntoma o la consecuencia de un trastorno del neurodesarrollo? Muchas de las formaciones para adquirir estas especializaciones adolecen de una sólida formación en el neurodesarrollo, en algunos casos limitándose a aportaciones desactualizadas de la psicología evolutiva, sin embargo prometen preparar para el abordaje de problemáticas como el TDAH, las dificultades de aprendizaje, el autismo o los TEA, e incluso los problemas psicomotores en niños. Si el profesional no hace posteriormente un trabajo de profunda formación en estas áreas, la intervención que se hace con estas poblaciones es de eficacia dudosa. Y esto queda a menudo patente en los informes emitidos por el profesional, que por desgracia suelen ser inexistentes. Por poner un ejemplo, tuve en mis manos un informe psicológico de valoración de un niño con TDAH en el que se describían ampliamente las características de las pruebas utilizadas (elegidas con poco sentido), se anotaban los resultados cuantitativos sin análisis o interpretación alguna de ellos, no se reflejaba ninguna observación cualitativa, y se limitaba a concluir al final del informe que el niño únicamente necesitaba un par de sesiones de intervención centradas en mejorar la autoestima.

Por otro lado, la neuropsicología y la terapia ocupacional son disciplinas que ya parten de una base transdisciplinar, por lo que la figura de estos profesionales se hace fundamental en todo centro cuyo objetivo sea la intervención en el desarrollo infantil. El futuro cercano pasa por incorporar los conocimientos en neurociencia y neurodesarrollo en los centros de atención temprana y en los centros educativos.

Finalmente, en neurohabilitación se hace imprescindible la coordinación con todos los profesionales implicados en el desarrollo del menor, y ésto incluye no sólo al equipo de profesionales que trabajan conjuntamente, sino también la coordinación con otros terapeutas externos, con el neuropediatra y/o el psiquiatra infantojuvenil, y los profesionales del centro escolar donde acude el niño.

Bibliografía consultada: 
Porras-Kattz, E., & Harmony, T. (2007). Neurohabilitación: un método diagnóstico y terapéutico para prevenir secuelas por lesión cerebral en el recién nacido y el lactante. Boletín médico del Hospital Infantil de México, 64(2), 125-135. Disponible en http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-11462007000200008&lng=es&tlng=es

Genma Rodriguez,
Psicóloga especialista en Neuropsicología Infantil

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hola, soy psicóloga que trabaja con trastornos de aprendizaje en niños de primaria y me gustaría saber si hay algún tipo concreto de trabajo de estimulación cognitiva con ellos tras la valoración del neuropediatra. Por mi parte trabajo la exactitud y comprensión lectora, la organización de trabajo, el establecimiento de pasos para ejercicios de textos o problemas matemáticos y técnicas de estudio. ¿Me aconsejarías algo complementario o diferente?

    Muchas gracias.

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    1. genmarm dice:

      Hola Mónica, claro que sí, ese es justamente el tipo de intervención que se hace desde el área de neuropsicología infantil. De forma muy resumida, yo diría que en las dificultades de aprendizaje hay 4 procesos cognitivos que si se estimulan mejoran de manera sustancial las dificultades: atención, memoria de trabajo, habilidades visoespaciales-visoconstructivas, y conciencia fonológica. Por ejemplo, se trabajan ejercicios de atención selectiva, para aumentar la capacidad de concentración; la memoria de trabajo es un proceso que subyace en todos los aprendizajes y actividades cotidianas, que influye en el recuerdo de instrucciones, la comprensión lectora, el cálculo mental, la resolución de problemas, etc.; se ejercitan las funciones visoespaciales y visoconstructivas, muy importantes para la ejecución en tareas matemáticas o en la grafía durante la escritura; y la conciencia fonológica es la base para el aprendizaje lector y para una buena fluidez lectora. Obviamente, no te recomiendo este tipo de estimulación a todo niño que tenga dificultades de aprendizaje, lo correcto sería realizar una valoración neuropsicológica al niño con la que se pueda saber en qué áreas tiene dificultades, que serán las que se beneficiarán de la estimulación.
      Espero que te sirva. Saludos!
      Genma.

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